La Razón de una Vida
La razón de una vida
Por Ricardo Eulogio Brizuela
Cuando la noche del invierno porteño en 1952 recién se desperezaba, Eva Perón se emparentaba con la eternidad, asumiendo esa vieja costumbre de morir del ser humano, como definió Jorge Luis Borges a esta muy común transición.
Evita, cuando sólo era María Eva Duarte, llegó a Buenos Aires desde el interior de la provincia. Respondiendo a una primaria vocación por el espectáculo, se vinculó con el ambiente artístico trabajando como modelo, actriz de radio y de teatro, interviniendo en pequeños papeles que le ayudaron a paliar una incómoda situación económica.
Así, intervino en La fiesta de Manuel, obra de Alberto Vacarezza; El hombre que mordió al perro, de León Mirlas y La gallina clueca, en la que acompañó a la actriz Pierina Dealessi.
Así, intervino en La fiesta de Manuel, obra de Alberto Vacarezza; El hombre que mordió al perro, de León Mirlas y La gallina clueca, en la que acompañó a la actriz Pierina Dealessi.
De estos tiempos sólo se conservan de su vida detalles que alimentan su leyenda: sus lazos, vinculaciones o relaciones con distintos personaajes fueron motivos permanentes de discusión entre sus biógrafos, panegeristas y detractores.
Lo cierto es que desarrolló su actividad en la radiofonía y y filmó algunas películas entre las que figuraron títulos como La carga de los valientes y La cabalgaata del circo. Trabó relación con el entonces coronel Juan Domingo Perón cuando éste se desempeñaba en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. El terrmoto de San Juan constituyó el catalizador que provocó la relación profunda generada entre los dos, y que se efectivizó el 22 de octubre de 1945 con el matrimonio entre ambos.
A partir de allí, la historia del peronismo, en el primer gobierno, está teñida de la influencia de Evita. Nada fue ajeno a su interés: la política, la economía, las relaciones internacionales, la prensa, la justicia, la acción social, todo, pasó por sus manos.
Por su influencia quedaron establecidos muchos de las conquistas sociales generadas por el peronismo: el derecho de la ancianidad por un lado, y la participación femenina en la cosa pública, son dos extremos que jalonaron las espectativas de Eva Perón en los asuntos del Estado.
Su trabajo tuvo mucho que ver con la reparación social del sector de desprotegidos, al que ella misma perteneció. Con pasión se volcó a la ayuda solidaria.
Rara mezcla de Robin Hood y de Ernesto Che Guevara, su trabajo no tuvo fronteras de convenciones de ninguna naturaleza. Anque no cronológicamente, con el Che coincidió en desafíos paralelos: con Evita el juticialismo fue revolucionario; con el Che la revolución fue justicia.
Ninguno de los dos respondía a etiquetas.
Evita actuaba desde sus convicciones con prescindencia de toda especulación intelectual. Al igual que Ernesto Guevara, la revolución era ella, más allá de los etiquetamientos. Ambos son productos de una amalgama fundamental que moldea a los argentinos en algunos tiempos. De ambos el mundo tuvo noticias y se convulsionó por ellos.
De tanto en tanto la historia se repite, buscando el equilibrio de la ley de las compensaciones.

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